Lo sucedido en la Asamblea Nacional el martes 30 de abril sólo tiene el antecedente, en este país, cuando José Tadeo Monagas entró a sangre y fuego al Congreso Nacional causando la muerte de Santos Michelena. Han habido pleitos y hasta golpes entre diputados en el pasado pero no una cayapa como la que se formó ese día de todos los más contra los menos, con el odio y la rabia reflejados en sus rostros, mientras el sargento mayor, desde su inaccesible “trono”, se reía sibilinamente del acto de barbarie que cometían sus huestes. Hubo heridos y a la diputada María Corina Machado, una “dama” revolucionaria la arrojó al piso, jalándole de los cabellos, para luego patearla.
Lo que ha hecho, la bandada oficialista es insólito. Primero le niegan el derecho de palabra a quienes no aceptan que Maduro es un presidente legítimo a sabiendas que dentro del PSUV se cuestionan, también, los resultados de esa elección presidencial.
En el recinto de la Asamblea no se ha aprobado proposición alguna de la oposición. Ni de leyes como la del desarme. Ni investigaciones sobre lo sucedido con los alimentos podridos, el accidente de Amuay, el fondo de pensiones de PDVSA, las compras y recompras con sobreprecio de toda clase de equipos y materiales, desde turbinas eléctricas hasta armamento para una guerra imaginaria y el uso de varios fondos creados ilegalmente con dinero que debía ir al Situado Constitucional.
Pero lo peor es nuestro poder judicial. El TSJ se ha convertido en el brazo ejecutor de los desmanes del poder ejecutivo, dictando sentencias absurdas como la que le escamoteo a Diosdado Cabello el derecho de asumir temporalmente la Presidencia de la República. Convirtió a un enfermo terminal en presidente en ejercicio sin haberse juramentado ni sometido a un diagnóstico médico imparcial y público. Activó a todo el gabinete, incluyendo al Presidente, para continuar gobernando después de que terminó su ejercicio el 10 de enero de 2013.
Pero lo más imperdonable es que todos los poderes públicos permiten el enriquecimiento ilícito de un grupo de boliburgueses, muchos de los cuales no son conocidos. Este es el gobierno de los testaferros que ocultan fortunas enormes que cuando se conozcan dejaran boquiabierto a más de un alma ingenua que todavía cree en las buenas intenciones, la honestidad y el amor a los pobres de este régimen.
Todo lo anterior es corrupción moral y gansteril. Se compran consciencias, votos, contratos, funcionarios y algunos “ni ni” que tienen ante el público una cara neutral y otra en su bóveda personal donde se regocijan contando sus billetes verdes.
La corrupción moral es la responsable de la inseguridad ciudadana, de los muertos en nuestras cárceles, de los presos por capricho de alguien sin los derechos que tiene todo ciudadano a un juicio justo. Entre sus víctimas están el comisario Simonovis, la jueza Afiuni, los presuntos asesinos del fiscal Anderson, el General Baduel y muchos más, la represión brutal contra los estudiantes y la muerte de Brito, por no hablar del dolor de sus familiares. Estos son abusos contra seres humanos que han perdido sus derechos y hasta la vida misma por órdenes ejecutadas, mediante la letra torcida de la ley, en sentencias de tribunales inmorales.
Hablamos de la reconciliación y el perdón que nos unirá a todos. Los que en, ese momento, tengan el poder para negociar de lado y lado, ojalá que no se les olvide que hay conductas que no tienen perdón. Algunos deben ir a domiciliarse en las mismas celdas que hoy habitan sus víctimas.
domingo, 5 de mayo de 2013
domingo, 28 de abril de 2013
LO QUE PUDO SER
Según las encuestas uno de los candidatos puntea por escaso margen. En las elecciones presidenciales de 2019 no se ha repetido la polarización entre dos candidaturas como en las del 2013.
Durante los últimos 6 años ha habido un reacomodo político. Algunos partidos de diversas ideologías se agruparon en dos grandes organizaciones. Una de centro izquierda y otra de centro derecha. El PSUV sigue activo aunque disminuido. Su candidato es el último en las encuestas.
Para el pueblo escoger un presidente por los próximos 6 años (2019-25) no será fácil. Dos candidatos tienen básicamente la misma oferta. El PSUV continua siendo el más radical, sin embargo ha moderado bastante. Esta campaña presidencial ha sido mucho más civilizada que la anterior. Las ofertas llegan con más claridad a los electores. En otras palabras, se ha bajado mucho el tono al “qué”, al “cómo” y al “con quién”.
Los primeros seis meses del período 2013-19 fueron muy difíciles. Todas las medidas económicas y sociales tomadas en esos meses empeoraron la situación del país. Los sindicatos reclamaban sus derechos a la contratación colectiva. Las universidades exigían un mayor presupuesto para atender las necesidades de todos sus miembros. Las empresas públicas y privadas amenazaban con no producir si no se diseñaba un sistema flexible para otorgar los dólares necesarios para aumentar el volumen de sus productos y atender la demanda nacional. La oposición hizo múltiples esfuerzos por establecer un diálogo con el régimen, sin éxito. El gobierno recién electo radicalizó aun más su gestión y a los 4 meses la oposición empezó a recoger las firmas necesarias para convocar a una Asamblea Constituyente, la cual 8 meses después, ganó por amplio margen. Bajo un nuevo gobierno lo más complejo fue reducir o eliminar las “ayudas” a otros países. Primero, hubo que revisar los términos y hasta la legalidad de algunos convenios. Hacer lo anterior y mucho más no fue cuestión de ideología sino de necesidad.
Pasados los dos primeros años y después de enormes dificultades para todos, el país disfruta de una relativa tranquilidad aunque el diseño de la Venezuela que pudiéramos ser no se logró por completo. La pobreza se ha reducido, las divisas son suficientes y el control de cambio y del precio, se eliminaron después de dos años. El bolívar se reevaluó hasta 8 bolívares por dólar y hay una sola tasa de cambio. La inflación se redujo al 9% y continúa su tendencia a la baja. Las relaciones con Cuba son cordiales aunque una de las ofertas para ganar la mayoría constituyente fue regresar a la normalidad diplomática con la isla y eliminar la presencia indebida de este país en Venezuela, lo cual fue uno de los acuerdos más difíciles. Ya Cuba no recibe un descuento en la venta del petróleo y este país ha entrado en la modernidad.
Siempre es bueno darle una mirada al pasado. En las elecciones presidenciales de 2013 muchos venezolanos creían que ganara quien ganara, Venezuela se dirigía a un desastre económico y social. No obstante, vista la positiva realidad del 2019 todos estaban equivocados. La necesidad y el fracaso eminente obligaron a la construcción de un nuevo escenario (la Constituyente) que, lo apremiante y delicado del momento (2013), no había permitido predecir.
PD: Se creó un nuevo holding petrolero “Petróleos Nacionales” (PN) que invierte en compañías mixtas. Hay una institución intermedia entre el Ministerio del Petróleo, PN y las empresas privadas nacionales y extranjeras. La producción es de 4,2 millones de barriles diarios.
Durante los últimos 6 años ha habido un reacomodo político. Algunos partidos de diversas ideologías se agruparon en dos grandes organizaciones. Una de centro izquierda y otra de centro derecha. El PSUV sigue activo aunque disminuido. Su candidato es el último en las encuestas.
Para el pueblo escoger un presidente por los próximos 6 años (2019-25) no será fácil. Dos candidatos tienen básicamente la misma oferta. El PSUV continua siendo el más radical, sin embargo ha moderado bastante. Esta campaña presidencial ha sido mucho más civilizada que la anterior. Las ofertas llegan con más claridad a los electores. En otras palabras, se ha bajado mucho el tono al “qué”, al “cómo” y al “con quién”.
Los primeros seis meses del período 2013-19 fueron muy difíciles. Todas las medidas económicas y sociales tomadas en esos meses empeoraron la situación del país. Los sindicatos reclamaban sus derechos a la contratación colectiva. Las universidades exigían un mayor presupuesto para atender las necesidades de todos sus miembros. Las empresas públicas y privadas amenazaban con no producir si no se diseñaba un sistema flexible para otorgar los dólares necesarios para aumentar el volumen de sus productos y atender la demanda nacional. La oposición hizo múltiples esfuerzos por establecer un diálogo con el régimen, sin éxito. El gobierno recién electo radicalizó aun más su gestión y a los 4 meses la oposición empezó a recoger las firmas necesarias para convocar a una Asamblea Constituyente, la cual 8 meses después, ganó por amplio margen. Bajo un nuevo gobierno lo más complejo fue reducir o eliminar las “ayudas” a otros países. Primero, hubo que revisar los términos y hasta la legalidad de algunos convenios. Hacer lo anterior y mucho más no fue cuestión de ideología sino de necesidad.
Pasados los dos primeros años y después de enormes dificultades para todos, el país disfruta de una relativa tranquilidad aunque el diseño de la Venezuela que pudiéramos ser no se logró por completo. La pobreza se ha reducido, las divisas son suficientes y el control de cambio y del precio, se eliminaron después de dos años. El bolívar se reevaluó hasta 8 bolívares por dólar y hay una sola tasa de cambio. La inflación se redujo al 9% y continúa su tendencia a la baja. Las relaciones con Cuba son cordiales aunque una de las ofertas para ganar la mayoría constituyente fue regresar a la normalidad diplomática con la isla y eliminar la presencia indebida de este país en Venezuela, lo cual fue uno de los acuerdos más difíciles. Ya Cuba no recibe un descuento en la venta del petróleo y este país ha entrado en la modernidad.
Siempre es bueno darle una mirada al pasado. En las elecciones presidenciales de 2013 muchos venezolanos creían que ganara quien ganara, Venezuela se dirigía a un desastre económico y social. No obstante, vista la positiva realidad del 2019 todos estaban equivocados. La necesidad y el fracaso eminente obligaron a la construcción de un nuevo escenario (la Constituyente) que, lo apremiante y delicado del momento (2013), no había permitido predecir.
PD: Se creó un nuevo holding petrolero “Petróleos Nacionales” (PN) que invierte en compañías mixtas. Hay una institución intermedia entre el Ministerio del Petróleo, PN y las empresas privadas nacionales y extranjeras. La producción es de 4,2 millones de barriles diarios.
domingo, 21 de abril de 2013
EL FIN DE UN GIGANTE
De todas las ofensas que Maduro nos ha hecho desde las elecciones hay una que me afectó en lo personal. Dediqué 32 años de mi vida a la industria petrolera, 12 de ellos como presidente de empresas (uno en Shell y 11 en Maraven y Lagoven) En 1985 pase a la dirección de este diario por 3 años y luego al mismo cargo en El Diario de Caracas. Desde mi renuncia a la presidencia de Lagoven en 1985, no he dejado de estudiar el desarrollo de la industria petrolera nacional e internacional y asesoré a varias empresas internacionales. Trabajo e ingreso que perdí porque desde el gobierno le advirtieron, formalmente, a esas empresas que yo no era bien visto y que no les convenía tener relaciones conmigo si aspiraban a “entenderse” con éllos. También, ayudé, ad honorem, a dos ministros de petróleo, en sus relaciones con la OPEP. Mi pensión después de mis altos cargos es el salario mínimo y la misma ayuda para la cesta básica que se le otorga a los obreros.
Por todo lo anterior, me siento con derecho a condenar el espectáculo grotesco de la primera reunión de Maduro con la directiva de PDVSA, acompañado por Rafael Ramírez. Allí estaban una mayoría de camisas rojas en un salón con un enorme afiche de Chávez como telón de fondo. Maduro le habló a los asistentes como un dirigente laboral a una asamblea de sindicalistas. Solo una vez, en su largo discurso (un refrito ideológico) se dignó a considerar a los asistentes como dirigentes que deberían apoyar a la revolución. Daba pena ajena a quienes fuimos verdaderos profesionales de la industria petrolera, antes y después de la estatización, observar a la alta gerencia de la empresa, aplaudir, ponerse de pie y hasta corear “así, así es que se gobierna”, como reacción a los insultos y descalificaciones de Maduro ¿será verdad que todo ese grupo allí presente es realmente chavista y ahora apoya a Maduro? Ramirez le ofreció a Maduro ayuda para todo lo que se le ocurra. Pero de ¿cómo va la producción, qué pasa con nuestras refinerías, cuántas accidentes fatales hubo en los últimos años? ¿Por qué la deuda de PDVSA es hoy tan elevada? ¿Por qué no se le paga a los suplidores de bienes y servicios y cuánto se le debe a las empresas expropiadas? ¿Cuánto es la reserva para cubrir los juicios que contra PDVSA han iniciado empresas extranjeras? ¿Cuánto cuesta los galones de gasolina y sus componentes importados para el mercado interno y de contrabando? ¿Se ha medido bajos los métodos modernos imparciales, como se hacía antes, el nivel de satisfacción de los empleados? ¿De todo “eso” ni se habló ni se preguntó nada. Fue una reunión politiquera, con lenguaje del viejo sindicalismo. Una exaltación a los obreros, que bien se lo merecen. Pero los directores y los gerentes allí presentes ¿no merecen reconocimiento? (Probablemente no. Pero eso no lo sabe Maduro) Es triste un país donde gerencia, producción, productividad y competencia son malas palabras.
Cuando los presidentes de antes visitaban a PDVSA, se les hacía una presentación profesional sobre los planes, las estrategias, los resultados de la empresa y una visión sobre el sentido de dirección hacia el futuro. Se analizaban las tendencias del mercado internacional de hidrocarburos y en el salón no había el retrato de ningún presidente ni se coreaba partido alguno.
Visto el desastre de PDVSA en los últimos 14 años, con el remate de la reunión con Maduro y Ramírez, estamos más convencidos que nunca que esa empresa no puede recuperarse
porque no hay casi nada que rescatar.
Por todo lo anterior, me siento con derecho a condenar el espectáculo grotesco de la primera reunión de Maduro con la directiva de PDVSA, acompañado por Rafael Ramírez. Allí estaban una mayoría de camisas rojas en un salón con un enorme afiche de Chávez como telón de fondo. Maduro le habló a los asistentes como un dirigente laboral a una asamblea de sindicalistas. Solo una vez, en su largo discurso (un refrito ideológico) se dignó a considerar a los asistentes como dirigentes que deberían apoyar a la revolución. Daba pena ajena a quienes fuimos verdaderos profesionales de la industria petrolera, antes y después de la estatización, observar a la alta gerencia de la empresa, aplaudir, ponerse de pie y hasta corear “así, así es que se gobierna”, como reacción a los insultos y descalificaciones de Maduro ¿será verdad que todo ese grupo allí presente es realmente chavista y ahora apoya a Maduro? Ramirez le ofreció a Maduro ayuda para todo lo que se le ocurra. Pero de ¿cómo va la producción, qué pasa con nuestras refinerías, cuántas accidentes fatales hubo en los últimos años? ¿Por qué la deuda de PDVSA es hoy tan elevada? ¿Por qué no se le paga a los suplidores de bienes y servicios y cuánto se le debe a las empresas expropiadas? ¿Cuánto es la reserva para cubrir los juicios que contra PDVSA han iniciado empresas extranjeras? ¿Cuánto cuesta los galones de gasolina y sus componentes importados para el mercado interno y de contrabando? ¿Se ha medido bajos los métodos modernos imparciales, como se hacía antes, el nivel de satisfacción de los empleados? ¿De todo “eso” ni se habló ni se preguntó nada. Fue una reunión politiquera, con lenguaje del viejo sindicalismo. Una exaltación a los obreros, que bien se lo merecen. Pero los directores y los gerentes allí presentes ¿no merecen reconocimiento? (Probablemente no. Pero eso no lo sabe Maduro) Es triste un país donde gerencia, producción, productividad y competencia son malas palabras.
Cuando los presidentes de antes visitaban a PDVSA, se les hacía una presentación profesional sobre los planes, las estrategias, los resultados de la empresa y una visión sobre el sentido de dirección hacia el futuro. Se analizaban las tendencias del mercado internacional de hidrocarburos y en el salón no había el retrato de ningún presidente ni se coreaba partido alguno.
Visto el desastre de PDVSA en los últimos 14 años, con el remate de la reunión con Maduro y Ramírez, estamos más convencidos que nunca que esa empresa no puede recuperarse
porque no hay casi nada que rescatar.
domingo, 3 de marzo de 2013
DEBACLE A LA VISTA
Un artículo de Gustavo Coronel (Selous Foundation, 27-02-13) y otro de Arnold Volkenborn (Tal Cual, 27-06-12) nos han dado las bases para este escrito. Empecemos por algunas conclusiones.
I. La industria petrolera venezolana es un compendio de oportunidades pérdidas tanto en la explotación de gas costa afuera como en el desarrollo de la Faja del Orinoco.
II. El descubrimiento de una nueva tecnología ha permitido que se pueda extraer gas y petróleo liviano sin azufre de las lutitas (formación “La Luna”) que es donde se origina el petróleo. Una vez que éste ha migrado a otras formaciones deja “en sitio” una considerable cantidad de gas y petróleo que hasta ahora por razones de precios bajos y falta de tecnología no se habían explotado. El resultado neto de esto, como veremos más adelante, es que ya no podemos construir una planta de gas licuado porque no hay ni gas ni buques para transportarlos. La inversión de hoy es mucho más costosa que hace 30 años, cuando tuvimos la primera oportunidad no aprovechada (Proyecto Cristobal Colón). Conclusión: La producción y exportación de gas licuado ya no parece viable para Venezuela. Además, sólo en el uso para transporte a gas hay un inmenso mercado interno. Algunos países consumen hasta un 75% de su producción.
III. En los Estados Unidos un estimado de la DOE (Departamento de Energía, por sus siglas en inglés) de la situación del gas es la siguiente: En el año 2012 ya el gas de lutitas representaba el 23% de la producción de gas natural y para el 2016 se convertiría el país del norte en un exportador de gas.
IV. La producción de crudo de EEUU en poco tiempo será suficiente para convertirlo en país exportador, por dos razones. a) La construcción de oleoductos (ya planificados) para transportar el crudo desde Canadá y desde la zona de Cushing donde se produce el WTI. b) Lo único que pueda demorar la explotación de las lutitas es el problema ambiental que sin duda resolverá la tecnología.
Además, hay otros países, como Rusia y China, que tienen grandes reservas de lutitas y las están desarrollando.
Ante este panorama la pregunta de hoy es: ¿Quiénes estarán dispuestos a invertir en la Faja petrolera del Orinoco? La inversión es altísima y de largo tiempo de ejecución recuperación, no sólo en la extracción sino para construir plantas de conversión a crudo liviano (ya el mediano que producimos en algunas de las plantas de Jose no será mercadeable). Este crudo debe competir con el Medio Oriente, Canadá, EEUU, Brasil y la misma Colombia países exportadores unos, y otros que lo serán en poco tiempo) Este atraso en desarrollar a la Faja con las empresas que pueden y no con las que quieren y el abandono de los proyectos de gas costa afuera fueron decisiones criminales. Venezuela tiene todavía muchas áreas de petróleo convencional sin explorar, la posibilidad de producir más petróleo en áreas de baja producción como se demostró con los convenios operativos. También, la nueva tecnología permite aumentar la producción si se emplean nuevos métodos de recuperación secundaria en grandes áreas (Lago de Maracaibo) y se reactivan una buena cantidad de pozos cerrados como ha insistido Diego González.
En resumen, este régimen si no consulta con los verdaderos expertos y abandona la improvisación, hará de Venezuela el peor país del tercer mundo. No invirtió en su mayor recurso y destruyó cualquier posibilidad de crear industrias que sustituyan al oro negro
¿Hasta cuándo nos vamos a seguir calando este desastre de ineficiencia y corrupción?
I. La industria petrolera venezolana es un compendio de oportunidades pérdidas tanto en la explotación de gas costa afuera como en el desarrollo de la Faja del Orinoco.
II. El descubrimiento de una nueva tecnología ha permitido que se pueda extraer gas y petróleo liviano sin azufre de las lutitas (formación “La Luna”) que es donde se origina el petróleo. Una vez que éste ha migrado a otras formaciones deja “en sitio” una considerable cantidad de gas y petróleo que hasta ahora por razones de precios bajos y falta de tecnología no se habían explotado. El resultado neto de esto, como veremos más adelante, es que ya no podemos construir una planta de gas licuado porque no hay ni gas ni buques para transportarlos. La inversión de hoy es mucho más costosa que hace 30 años, cuando tuvimos la primera oportunidad no aprovechada (Proyecto Cristobal Colón). Conclusión: La producción y exportación de gas licuado ya no parece viable para Venezuela. Además, sólo en el uso para transporte a gas hay un inmenso mercado interno. Algunos países consumen hasta un 75% de su producción.
III. En los Estados Unidos un estimado de la DOE (Departamento de Energía, por sus siglas en inglés) de la situación del gas es la siguiente: En el año 2012 ya el gas de lutitas representaba el 23% de la producción de gas natural y para el 2016 se convertiría el país del norte en un exportador de gas.
IV. La producción de crudo de EEUU en poco tiempo será suficiente para convertirlo en país exportador, por dos razones. a) La construcción de oleoductos (ya planificados) para transportar el crudo desde Canadá y desde la zona de Cushing donde se produce el WTI. b) Lo único que pueda demorar la explotación de las lutitas es el problema ambiental que sin duda resolverá la tecnología.
Además, hay otros países, como Rusia y China, que tienen grandes reservas de lutitas y las están desarrollando.
Ante este panorama la pregunta de hoy es: ¿Quiénes estarán dispuestos a invertir en la Faja petrolera del Orinoco? La inversión es altísima y de largo tiempo de ejecución recuperación, no sólo en la extracción sino para construir plantas de conversión a crudo liviano (ya el mediano que producimos en algunas de las plantas de Jose no será mercadeable). Este crudo debe competir con el Medio Oriente, Canadá, EEUU, Brasil y la misma Colombia países exportadores unos, y otros que lo serán en poco tiempo) Este atraso en desarrollar a la Faja con las empresas que pueden y no con las que quieren y el abandono de los proyectos de gas costa afuera fueron decisiones criminales. Venezuela tiene todavía muchas áreas de petróleo convencional sin explorar, la posibilidad de producir más petróleo en áreas de baja producción como se demostró con los convenios operativos. También, la nueva tecnología permite aumentar la producción si se emplean nuevos métodos de recuperación secundaria en grandes áreas (Lago de Maracaibo) y se reactivan una buena cantidad de pozos cerrados como ha insistido Diego González.
En resumen, este régimen si no consulta con los verdaderos expertos y abandona la improvisación, hará de Venezuela el peor país del tercer mundo. No invirtió en su mayor recurso y destruyó cualquier posibilidad de crear industrias que sustituyan al oro negro
¿Hasta cuándo nos vamos a seguir calando este desastre de ineficiencia y corrupción?
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